Dec 15, 2008
| Popular sovereignty
Sumak Kawsay como expresión de la descolonialidad del poder . Tatiana Roa Avendaño
Sumak Kawsay como expresión de la descolonialidad del poder
Tatiana Roa Avendaño
Quito, diciembre 1 de 2009
En el presente ensayo me propongo desarrollar la importancia que tiene la incorporación del concepto del Buen vivir o Sumak Kausay en las constituciones de Bolivia y Ecuador como respuesta antisistémica al concepto individualista del bienestar de la sociedad occidental. El Sumak Kausay del que hablan los pueblos indígenas andinos y que esta siendo acogido por otros pueblos de Abya-Ayla, ha significado un giro para la decolonialización del poder<sup><sup>1</sup></sup> que instauró el pensamiento y las políticas producidos por occidente como referentes universales y que se instalaron en el continente desde la invención de América.
Si bien, para algunos sectores de la academia podría no tener mayor
significación el que se haya consagrado el Buen Vivir en las dos
constituciones mencionadas, es interesante subrayar que el Sumak Kawsay como
cimiento de estas magnas cartas constitucionales, expresa una ruptura
al sistema económico mundial expresado actualmente en el modelo
neoliberal y representa una alternativa civilizatoria en tanto
replantea las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza, es “la noción del sumak kawsay
la posibilidad de vincular al hombre con la naturaleza desde una visión
de respeto, […] es la oportunidad de devolverle la ética a la
convivencia humana, […] (es la necesidad de) un nuevo contrato social
en el que puedan convivir la unidad en la diversidad. […] es la
oportunidad de oponerse a la violencia del sistema”<sup><sup>2</sup></sup>.
Sin duda, el sumak kawsay es la expresión de actores sociales
tradicionalmente deslegitimados e invisibilizados por las élites del
poder, que han reclamado su participación “no necesariamente con el
deseo de inclusión en los proyectos modernizantes de los Estados
nacionales, […] abogando (así) por el respeto a la diferencia de pensamiento […] no-occidental”<sup> <sup>3</sup></sup>.
Por tanto, para hablar del Buen Vivir como proceso de descolonización
del poder, habría que reflexionar sobre el papel que han jugado los
movimientos sociales indígenas, negros, campesinos, de mujeres, de
ambientalistas y de obreros, para que este concepto como otros que lo
integran: el derecho de la naturaleza, el derecho al agua, a la
soberanía alimentaria, el estado plurinacional sean realidades. Habría
que reconocer que son ellas y ellos los reales protagonistas de estas
luchas contra-hegemónicas, quienes trabajan en la construcción de
alternativas frente a la homogenización de las culturas y la vida.
La fuerza de las demandas de participación política de los pueblos de
América han sido determinantes para que las sociedades americanas hayan
venido incorporando elementos de un pensamiento otro y
deseuropeizante no sólo en algunas cartas constitucionales, sino
también dentro de las reivindicaciones del movimiento social
continental, llegado incluso a permear a otros movimientos sociales en
el Planeta; asuntos como la administración de justicia comunitaria, la interculturalidad y la plurinacionalidad, nuevas relaciones
entre los seres humanos y la naturaleza, los derechos de la naturaleza,
los territorios colectivos, otros sistemas de creencias son expresiones
de la ruptura que desde sectores tradicionalmente subalternizados han
venido haciendo para desoccidentalizar y descolonizar el pensamiento,
el ser y el saber.
***
La exhuberancia y el inmenso
patrimonio natural de América Latina la hizo un lugar onírico o real
desde los quiméricos proyectos y la más fuerte codicia de Occidente; no
obstante su invaluable riqueza histórica, cultural, lingüística, humana
y espiritual siempre ha estado en función de un centro externo, se
han impuesto formulas ajenas a su realidad sujetas el paradigma liberal
eurocéntrico que excluyó a los pueblos negros, indígena y mestizos del
poder, de la economía y de todos los espacios de participación y
oportunidad.
Ya lo advertía desde hace un poco más de un siglo, con gran genialidad
José Martí<sup><sup>4</sup></sup>,
que nos urge a pensar América y salvarla de “la importación excesiva de
las ideas y fórmulas ajenas, del desdén inicuo e impolítico de la raza
aborigen-, por la virtud superior” (Martí, 1985: 30). Porque desde el
mismo momento en que se instala la matriz colonial de poder se
invisibilizan y deslegitiman pueblos, culturas, conocimientos y
saberes, técnicas y tecnologías, prácticas de vidas, espiritualidades.
América Latina se condenó a mirarse a través del espejo de quienes nos
colonizaron, se establece esta matriz de poder que
“se
impone en todos los ámbitos de la vida individual y colectiva […] que
instaura un nuevo patrón de poder global en el proceso de expansión del
sistema-mundo capitalista (Wallerstein) y que se sustenta en el
ejercicio de la violencia y el despojo, en la usurpación material y
simbólica, no sólo de los recursos naturales, sino sobre todo del
sentido, del saber y del ser”<sup><sup>5</sup></sup>.
De esta manera, la lógica de la colonialidad estará presente desde los
tiempos de la conquista hasta los tiempos presentes sin que hayamos
logrado liberarnos, del todo, de nuestros complejos de subordinación.
De ahí que el pensador cubano nos invite a trasformar el espíritu, a
ser creativos como única posibilidad para innovar, para desafiar los
valores eurocéntricos y construir un camino original, propio. Sin
embargo para ser creativos se precisa la comprensión de nuestro propio
contexto, es decir de nuestras culturas, nuestras sociedades y nuestra
naturaleza,
Se trata entonces de escuchar y asumir las propuestas surgidas desde la
periferia de nuestras sociedades, la de los negros y las negras de
nuestras costas Pacífica y Caribe, la de los y las indígenas andinos y
amazónicos, la de campesinos y campesinas custodios de semillas y
cuidadores del agua, la de los y las indígenas mesoamericanos, las de
las mujeres, la de los chamanes, los taitas, los werjayas y todos
nuestros abuelos y nuestras abuelas que nos enseñan con sus sabidurías,
y las de tantos otros seres anónimos que no obstante el avasallamiento
desde la llamada conquista, garantizaron que aún hoy existan diversidad
de lenguas, de culturas, de espiritualidades, de conocimientos y
saberes y tantas otras formas de acercarnos y entender al mundo.
Indagar en las sabidurías del pensamiento indio, afro, mestizo nos
lleve quizás no requerir construir nada «nuevo», como bien el
colombiano Adolfo Albán, “sino a “reconocer y revitalizar y seguramente
«traducir» todo aquello que todavía existe como «barbarie», exotismos»,
«saberes», haceres y «folklore»” (Alban, 2006: 71)
***
Son tiempos de trasformación y cambios en Abya-Ayla, momentos de producción de alternativas contra el patrón de poder mundial<sup><sup>6</sup></sup> que se impuso en el continente
desde hace más de 500 años. Son
notorias las experiencias en el continente, se expresan en la fuerza de
sus movimientos y los procesos de cambios constitucionales en algunos
países andinos, que tienen más de una década, con la incorporación de
asuntos como los derechos colectivos, la plurinacionalidad, los
territorio colectivos, entre otras asuntos, pero no hay duda, que el
cambio más significativo es la incorporación el buen vivir o sumak kawsay en las cartas constitucionales de Ecuador y Bolivia.
El buen vivir como cimiento de estas constituciones, no es meramente un
tema lingüístico, es algo tan novedoso y revolucionario porque implica
profundas trasformaciones de las relaciones entre los seres humanos y
de estos con la naturaleza. El súmac káusai o allí káusai es una categoría central de la filosofía de vida de las sociedades indígenas. El sumak kawsay en runa shimi (kichwa) significa vida armónica, vivir bonito, vivir feliz, incorpora una diversidad de elementos de la cosmovisión de los pueblos indígenas:
conocimiento, ética y espiritualidad, relación con la naturaleza,
visión de futuro. El Sumak Kawsay conlleva a una visión de mundo
holística en permanente construcción que consiste en buscar y crear las
condiciones materiales y espirituales para construir y mantener el vivir bonito.
“El
"buen vivir" también recoge las propuestas de descolonización de Aníbal
Quijano, de Boaventura de Souza Santos, de Edgardo Lander, entre otros.
El "buen vivir", es otro de los aportes de los pueblos indígenas del
Abya-Ayla, a los pueblos del mundo, y es parte de su largo camino en la
lucha por la descolonización de la vida, de la historia, y del futuro”.
(Davalos)
El sumak kawsay es un esfuerzo por reconocer los aportes y conocimientos milenarios de los pueblos de Abya-Ayla
para enfrentar el mayor desafío que tienen la humanidad, la crisis
ambiental que amenaza la propia existencia de la humanidad y cuya
máxima expresión es el Cambio Climático. De ahí que la necesidad de
replantear las relaciones entre los seres humanos con la naturaleza
lleva necesariamente a hacer una ruptura con la imposición neoliberal
del desarrollo y del crecimiento económico, implica “superar al
capitalismo como sistema social e histórico” como lo expresa Evo
Morales presidente de Bolivia.
El cambio climático que no es más la expresión de una crisis
civilizatoria de una sociedad que se sustentó en un modelo de
civilización en el uso de combustibles fósiles y que han provocado el
mayor desastre ambiental en las historia de la humanidad, no puede
seguir siendo afrontada desde soluciones de mercado como lo plantea la
Convención de Cambio Climático y el Protocolo de Kyoto. Para enfrentar
los problemas modernos se requieren soluciones no modernas dice
Boaventura dos Santos.
Por
esta razón, afrontar la crisis climática desde unas nuevas relaciones
con la naturaleza, nos lleva a escuchar el llamado de los pueblos
indígenas que se oponen a la explotación petrolera, como el pueblo U´wa
que por más de una década ha expresado su oposición a los proyectos
petroleros en su territorio o las propuestas que se construyen en
Ecuador con el Yasuní de dejar el petróleo bajo tierra, representan reales soluciones al cambio climático.
Dicen los U´wa que el petróleo es ruiría, (ruiría
es la sangre de la Tierra, de la Madre, de la Pacha Mama), ruiría es
sagrada, además sin la sangre el planeta morirá. Seguir extrayendo
petróleo como actualmente lo hace la sociedad occidental es caminar
inexorablemente hacia la muerte.
Reducir
los niveles de consumo de hidrocarburos hasta cero implicará
trasformaciones totales y concretas en la actual civilización. El Buen
Vivir no es simplemente un discurso bonito, es un reto para asumir
profundas transformaciones en nuestras sociedades, es asumir un nuevo
paradigma civilizatorio, nos implica el reto de armonizar en la
realidad nuestras relaciones con la naturaleza para otra existencia,
nos implica poner en práctica el reconocimiento de los derechos de la
naturaleza, nos reta a escuchar, aprender y poner en práctica las
sabidurías de nuestros ancestros, nos abre la posibilidad para una “descolonización profunda” de la totalidad de la vida, a un diálogo con la naturaleza y a reconocer su dimensión espiritual.
En última, lo que nos propone el
Sumak Kausay es a “sacar el indio que todos llevamos en nuestra sangre”,
a dejar que surja de nuestro interior nuestra herencia negra y mestiza,
que el indio y el negro heredado de nuestros ancestros nos permitará
reconciliarnos con la madre, con la tierra. Hemos transitado entre
tinieblas por 5 centurias, usando unos lentes prestados, olvidando y
negando lo que culturas milenarias construyeron a partir del
conocimiento y la comprensión de estos vastos territorios.
Es decir, estamos ante la posibilidad de indianizarnos, de descivilizarnos
pero no para a volver a ser exactamente como fuimos hace 500 años, como
lo plantean quienes pretenden reducir y descalificar las propuestas que
se construyen desde las periferias, sino para buscar nuestro propio
camino, indianizarnos
significa volver a nuestras raíces para comprender el mundo que
habitamos, significa reconocer y aprender de las sabidurías de los
pueblos que en América han estado ligados a la tierra, al agua, a la
naturaleza, a la vida, mujeres y hombres negros, indígenas, campesinos
mestizos, pescadores, recolectores. Indianizarnos es un llamado a recuperar la palabra y la voz, indianizarnos es una búsqueda de caminos auténticos, originales basados en las herencias y las sabidurías de nuestros mayores, porque como dijo Martí “la inteligencia americana es un penacho indígena”.
Referencias bibliográficas
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textos y saberes. Cinco hijos para pensar los estudios culturales, la
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del Cauca, Colección Estiodios (Inter)culturales, 2006
Constitución Política del Ecuador, 2008
Davalos, Pablo en http://alainet.org/active/<wbr />23920
Guerrero, Patricio, Corazonar
una antropología comprometida con la vida. “Nuevas miradas desde Abya
–Ayla para la descolonización del poder, del saber, del ser”, Asunción – Paraguay, Fondec, 2007.
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Mignolo, Walter D. La colonialidad a lo largo y lo ancho: el hemisferio occidental en el horizonte colonial de la modernidad en La Colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas, Buenos Aires, Argentina, CLACSO,
2000
Quijano, Anibal, Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina, en La Colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas, Buenos Aires, Argentina, CLACSO, 2000