Soberanía:

Con la comida no se juega

 

La soberanía se ha erosionado siguiendo al menos uno de los siguientes caminos:


Haber sido negada en las colonias por los colonizadores, como podemos constatar que lo ha sido en América, en África y en otras partes del mundo.
Haber decaído en los estados nacionales al no poder ocuparse el Estado del bienestar de los ciudadanos.
Haber pasado a manos de organismos multilaterales-trasnacionales, donde la presencia de las naciones empobrecidas y periféricas se ve sometida por los condicionamientos de las naciones enriquecidas.
Haber sido conculcada por el enorme poder que adquieren las CTN por encima de los propios estados-nación.
Haber quedado atrapada por intereses particulares de las clases dominantes y de los capitalistas nacionales y extranjeros.
Frente a esta debacle de la soberanía como se ha entendido, una nueva soberanía ha venido siendo asumida como propósito por las luchas sociales a favor de la construcción de otro mundo posible y enfrentando la globalización capitalista. Así por ejemplo lo enseñan las dinámicas de importantes organizaciones mundiales como la Vía campesina y amigos de la tierra que propugnan por la soberanía alimentaria y por la soberanía energética. Por ello proponemos una definición de trabajo de soberanía:
Proponemos que se entienda por soberanía popular el poder auto-constituyente (que fija sus propias reglas y las acata) de los pueblos, los desposeídos y los desterrados; orientando su capacidad de autogobernarse y crear nuevas instituciones y nuevas relaciones económicas y sociales para edificar un mundo sustentable entre los seres humanos y con los ecosistemas. Se sustenta en la unidad de los pueblos.
Ahora bien la soberanía ecológica como expresión de la soberanía popular se fundamenta en principios de respeto por la vida y la libertad. Estos principios guían nuestro accionar político. Abogamos por el respeto al derecho de los humanos a  vivir dignamente, a la vez que asumimos el compromiso de proteger las condiciones ecológicas que hacen posible la vida en el planeta.
Ya hemos dicho que el ambientalismo reconoce la dignidad de los demás seres, incluidos los seres espirituales que custodian los lechos de los ríos, que protegen las montañas, que  cuidan a nuestros ancestros; seres espirituales que definen muchas de nuestras culturas. Pero además, sabiendo que la dinámica de los ecosistemas puede contribuir a construir un sentido más profundo del vivir humano, el ambientalismo defiende una ecología que conserve las especies amenazadas por la racionalidad económica y por las relaciones sociales inicuas y de esta manera se preserve condiciones para que la humanidad pueda engendrar escenarios para la creación y el desarrollo de nuevos sujetos, de subjetividades inauditas nunca vistas y nunca sentidas. Abogamos por la protección, permanencia, conocimiento y aprovechamiento de la Biodiversidad para la justicia intergeneracional, para la preservación de la diversidad física, cultural y cosmogónica.
Ahora bien, realizar el programa significa gobernarlo.


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